El principio y el fin… O la evolución

El principio y el fin… O la evolución

El día que todo empezó la luna de Dubái estaba llena como en un cuento. El día que supe que todo había acabado, apenas una fina línea de cuarto menguante se podía ver en el cielo de Abu Dhabi.

No es un tópico, no es un adorno literario, es que fue así. Tan así, que además la luna llena era blanca y especialmente grande por alguna conjunción que no recuerdo y que mi maestro yogui me avisó. La delgada línea menguante, que anunciaba el fin de todo, era delgada pero naranja intenso, y lo interpreté, en ambos casos, como las señales que el universo siempre nos lanza y nosotros recibimos o dejamos pasar.

Siempre he estado receptiva a todo tipo de energías que nos vengan de elementos tan superiores como el aire, el fuego, el agua, la tierra y los cuerpos celestes. Tanto, que en una época de mi vida en la que no podía entender nada de lo que me estaba pasando, lo mirase por donde lo mirase, decidí por fin llamar al equivalente del maestro Yoda en la Guerra de las Galaxias pero de carne y hueso y más o menos de la misma altura, en Dubái, mi gran maestro yogui Mr. Sha.

Mr Sha me lo dijo ese mismo día. El primero (del principio del fin):

  • Gata en el desierto, estás mal, realmente estás muy mal, y lo sabes – Mr. Sha.
  • Sí – y las lágrimas salían y salían– Sí, sí, sí… – La gatita no podía hablar, solo decir sí y mirarle fijamente a los ojos para que entendiese todo lo que le quería decir pero tanta lágrima no me dejaba pronunciar.

Y es que los ojos muchas veces hablan por nosotros, así que los utilicé.

La verdad es que era mejor que hablásemos con los ojos porque el inglés de Mr Sha era como el castellano del maestro Yoda, muy difícil de entender, misterioso y parco en palabras, menos mal que hablar hablar, hablaba con su sola presencia, su calma, sus ojos limpios, sus manos y su sonrisa serena.

yoda

La primera vez que vino a casa, mi gato Pepe y yo nos quedamos mirándole mientras le invitábamos a pasar (Pepe también autorizaba quién entraba en casa o no). Bajito, piel morena y muy brillante, túnica blanca con lo cual la piel resaltaba más, pelo muy cano, muy escaso, y pegado, mirada limpia y sonrisa tranquila. Se descalzó, me saludó con su reverencia NAMASTE (saludo espiritual que bendice lo divino que hay en el otro) y entró. Se sentó directamente en la alfombra del salón, postura yogui con espalda estirada y piernas cruzadas, me dijo que por favor le preparase un té, y que el gato muy mono pero que lo tenía que encerrar porque podía interferir en nuestro intercambio de energías.

Al pobre Pepe le encerré en el balcón y a partir de ese día, como si le hubiese hipnotizado, aunque no le gustaba nada, cada vez que venía Mr Sha, se iba solito al balcón porque sabía que no había nada que hacer.

Me senté imitándole (luego ya le cogí el truco a la posición) y casi en silencio nos entendíamos fluidamente. Era un perfecto desconocido acoplado en mi salón y yo sentía que era cálido y cercano y que podía confiarle cualquier cosa que me pidiese.

Le agradecí que hubiese venido. Mr. Sha no viene fácilmente, sólo lo hace a través de personas muy cercanas que le piden que atienda a determinados amigos y una vez que te ve, él decide si quiere “tratarte” o no, y me miró mucho. Pasó la palma de sus manos por mi cuerpo, sin tocarme, y llenas de energía porque por cada parte del cuerpo que pasaban, todo se despertaba. Terminó y me dijo túmbate boca arriba, y eso hice. Volvió a pasar sus manos por todo mi cuerpo, sin tocarlo, y mi cuerpo seguía reaccionando a su energía. Me dijo que me volviese a sentar y de nuevo estábamos cara a cara y es cuando me dijo que estaba mal.

Mr. Sha no sabía nada de mi historia personal. Sabía solamente, por una persona cercana, que la energía se me estaba apagando, consumiendo y que no conseguía equilibrarme y sí hundirme cada vez más. No hizo de adivino, no me hizo preguntas sobre mi vida, me habló solamente de los siete chacras y esa fue mi introducción a un mundo que ahora me apasiona. Me dijo que mi energía era tan potente e importante como el proceso en picado que estaba viviendo. Que no me preocupase, que saldría, y que teníamos que trabajar principalmente sobre los chacras primero y segundo y él me ayudaría. Que para el próximo día tuviese preparado un plato con plátanos pelados, ¿ ?, una jarra de agua, ropa muy muy cómoda y empezábamos. Pero que para hoy había una luna llena especial y que la luna llena siempre traía cambios de energía importantes.

  • A la luna llena hay que recibirla desnudo, así que esta noche sal desnuda a la terraza y deja que te llene –.

Se despidió con la misma inclinación Namaste con la que vino, se puso sus zapatos, nos abrazamos las manos, y me fui a por Pepe que seguía en la terraza. Me quedé mirando las mega vistas de la marina y… hehe… estaba a salvo, si me desnudaba ante la luna nadie podría verme… Y eso hice.

¿Cuánta energía recibí? no puedo cuantificarlo pero sí cualificarlo, y me lo creí. Si las mareas cambian con las fases lunares, si nuestro cuerpo es un 65% agua y si tu mente se focaliza en la necesidad de un cambio potenciado por el fenómeno lunar que coincide con tu primer día del proceso de un largo cambio… todo, todo, todo, puede pasar. En todo caso, no había nada que perder, la luna llena ya me ha visto vestida la mayoría de años de mi vida así que ¿por qué no alegrarle esa noche con una picardía con beneficio espiritual?

Solamente había 3 ojos posibles que pudiesen verme además de la luna. De esos 3 ojos, dos eran míos y el otro de mi gato Pepe. Sí, Pepe solo tenía un ojo y por eso le adopté, porque nadie lo quería por tuerto y yo lo quise hasta el último de los días que estuvo conmigo.

Pepe era un gato feliz, agradecido, travieso y muy divertido. Sobre todo cuando calculaba mal y al saltar se empotraba contra casi todo porque creo que su único ojo no le dejaba calcular al 100% la distancia. A la segunda o a la tercera sí lo conseguía, y se quedaba tan contento que se plantaba en el sitio conquistado como una estatua durante un largo rato, creo, que para demostrarle a su “no ojo” que podía con todo.  Con casi todo pudo, tanto que casi me lo llevo a Cuba (ver mi historia cubana en 1,2,3… 5,6,7… Maaaaaambo o la magia de la ilusión). Cada vez que hacía las maletas le sentaba fatal porque sabía que eso quería decir que le dejaba en el centro veterinario.

Normalmente se escondía en el fondo del armario debajo de los jerséis. Allí lo deimg_0618jaba un buen rato para que se pensase que no me había dado cuenta. También se escondía en el fondo del cuarto trastero que como estaba lleno de cajas y maletas pensaba no le podía encontrar. Una vez, utilizó todo su ingenio y en vez de esconderse se mimetizó con el entorno. Se puso pegado a una escultura que tengo de un oso de unos 25 cm de alto, se sentó casi en la misma pose que mi escultura y allí se quedó pensando que era un adorno y que allí le iba a dejar. Escondido o mimetizado, se lo dejaba creer y luego… al centro veterinario. Pero el día que hacia la maleta para irme a La Habana no tenía manera de encontrarlo. Repasé hasta las plantas una por una a ver si se había mimetizado en plan vegetal, y nada, hasta que al cerrar la maleta y ver todo tan oscuro empezó a maullar y me di cuenta que allí estaba entre los bikinis, zapatos y demás ready to fly to Cuba.

Ese era Pepe.

Darse cuenta del principio del fin está muy bien, pero eso no quiere decir que el fin venga mañana o pasado mañana y sí que puede que tarde años. Las buenas noticias son que mientras eres consciente de ese camino y puedas avanzar, aunque sea lento, todo acaba siendo la parte del aprendizaje que tocaba para el salto cualitativo importante que te espera. Lo peligroso son los altibajos, las dudas, los sentimientos de culpa, la vuelta atrás… Como no somos perfectos el camino te trae siempre mucho de todo esto, pero qué importante la capacidad de estar muy presente y seguir dando pasos.

Sé que esto puede sonar a tontería si lo que atraviesas es una crisis circunstancial, pero cuando lo que tienes enfrente es una crisis vital, de las que sabes todo es un antes y un después, de las que te dejaron expuesta y en equivocadas manos, y de las que te descolocaron ante los hilos calculados de uno y las sorpresas del destino de otros, todo a la vez, ay, ay, ay… a lo mejor la invalidez te dura un poco más, y la recuperación, aunque más lenta, también más sabia y fortalecedora.

Por eso, el día en que ya supe que era el fin, que podía mirar atrás y saber que ya solo estaba avanzando, ese día, fumando mi tranquila sheesha en Abu Dabi, miré al cielo y vi que la luna era muy fina y delgada, muy naranja, a punto de dar paso a la luna nueva y así cerrar el ciclo completo que empezó con la luna llena de Mr. Sha.

Ahora, cuando miro para atrás es para recordar lo importante que han sido los amigos. La magia de no haber parado de bailar. La suerte de tener unos padres especiales. Lo diferenciador de haber viajado y vivido en lugares tan diferentes. Las sesiones, si las contase hilarantes, de plátano machacado con Mr. Sha. La capacidad de comunicación y empatía, y la alegría, la alegría contagiosa de una maravillosa sonrisa horizontal.

Os sigo observando.

@acatinthedesert

A Cat in the Desert

COMMENTS

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  • Susana 3 years

    Qué bonito Larita!!!

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