El insomnio. La tormenta. Su recuerdo y el verano

El insomnio. La tormenta. Su recuerdo y el verano

Una noche de insomnio es más larga que una noche de verano en el hemisferio opuesto a la estación. El tiempo es más lento que toda la traslación alrededor del sol y las opciones de actividad se van agónicamente acabando mientras esperas a que por arte de magia llegue él, de la manera que sea pero que llegue. El sueño no llegaba, quizás porque lo esperaba acompañado de su olor y de su espalda para abrazarla. La distancia física, aunque mucha, no era más lejana que la emocional. Precisamente hoy, que decidí romper mi duelo, le pienso ya sin sentirle, y no me llega el sueño.

Lo que sí que ha llegado ha sido la tormenta, de verano, y no es un guiño literario, es real. Me lo ha dicho el cielo esta tarde en mi conversación con el universo, que hoy lo necesitaba. El cielo me ha respondido con la fuerza de sus colores y de sus nubes que además de dar una grandiosidad a la paleta de colores del atardecer, anunciaban tormenta.

Son las 3.00 am de un tranquilo día de agosto en el sur de España. Momento familiar, todos duermen. Tres generaciones. Tres momentos vitales diferentes. La inocencia de los que han llegado hace poco, la constante lucha de los que están a mitad de camino y la generosidad de los que avanzan, sabiendo ya, les gustaría avanzar mucho más lento. Tanto, como los minutos de esta noche de insomnio, que me he alegrado con un sándwich de nocilla y me he bajado al jardín a oler la tormenta.

Oliendo he recordado a como olía la felicidad antes de que la muerte lo invadiera todo. Así le recuerdo a él también, feliz, antes de que su ego acabase con todo. Ya no estoy triste. Lo estuve, y mucho, días, meses y años, pero ya no, y hoy tampoco. Hoy me ha pillado por sorpresa este insomnio melancólico acompañado de tormenta inesperada pero ya que está, me agarraré a su fácil metáfora de lluvia, viento y truenos para llevarse todo lo que se tiene que llevar, que es mucho.

El insomnio llega sin avisar, como muchas cosas en la vida. Otras llegan como una crónica de una muerte anunciada, y te engañas, para no verlas, y cuando tu miopía emocional te dice basta, descubres que lo que no veías es una bola gigante de la que te tienes que deshacer, con lo poco que querías verla pero ahí estaba. Avisando. Y yo miope. Me queda la tranquilidad de la conciencia de la libertad y del amor con lo que todo fue hecho, y no es poco, porque del resto, no ha quedado mucho. Momentos de pasión cada vez más aburridos.

Antes de que la casa oliese a muerte, me refugiaba en mi ceguera. Pero desde que la casa pasó de vida a limbo, ni siquiera eternidad, tuve que aprender a verlo en paralelo. El primer año sufrí muchísimo. No tenía manera de entenderlo y sí de suplicarle comunicación para que me ayudase a comprender y seguir creciendo. Y no lo hizo. El segundo, algo más recuperada, pero débil y expuesta como la vida me había dejado, le dije que le quería, a pesar de todo lo que no me gustaba de él y el intento fue un espejismo de felicidad, que acabó como tenía que acabar.

Intenté ganar algo de tiempo y descubrí que al tiempo nunca se le gana, siempre se pierde. Lo que se gana son los recuerdos y de ellos no se vive. De ellos nos formamos. Decidí formarme de buenos recuerdos y bailé mucho. Pero bailaba siempre cerca de él. Decidí, por fin, bailar muy lejos, aunque eso supusiera enfrentarme al olor de la muerte que ha parecido instalarse permanentemente aquí. Y no me equivoqué.

Hoy, solamente, tenía el día, ése en el que te apetece tener respuestas aunque sabes no llegan. Y estos días me gusta hablar con el universo, porque me contesta con sus formas y sólo yo puedo interpretarlas a través de la energía de la percepción. Precisamente hoy he sido más fuerte, casi como sé que soy, por eso, cuando me ha sorprendido el insomnio, te he escrito, te he mirado y te he hablado. Te he endulzado con un poco de chocolate y, a pesar del súper viento que sigue soplando, te he sonreído sabiendo que ya no te echo de menos. Si dijese, por miserable, sonaría a despecho. Si dijese por violador, sonaría exagerado, porque la violación emocional no está penada. Si dijera por imbécil, sonaría a enrabietada, pero si dijera o dijese porque mi energía ya está transformada (o en su proceso) sonaría a que estoy en paz conmigo misma. Y avanzo.

Version 2Sin darme cuenta, ya no suena el viento. No hay truenos ni relámpagos. La lluvia ha parado y el sueño parece acercarse. Queda el fuerte olor de la tierra mojada.

Mañana, desayunando, recordaré este ratito y hablaré con mis padres de la tormenta que había mientras ellos dormían. Le contaré lo mismo al peque, pero adornándolo, para vivirlo como una gran aventura. La muerte olerá un poco menos. Y a él, si alguien le recuerda, no será cerca de mí.

Camino hacia la felicidad.

@acatinthedesert

A Cat in the Desert

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