Algo ha venido a buscarme. Marilyn Monroe

Algo ha venido a buscarme. Marilyn Monroe

Es curioso, pero llevaba una época de sequía importante y cada vez que me ponía a escribir me quedaba más en blanco que la pantalla que tengo enfrente. Gatita, gatita, pero ¿qué es lo que te pasa? Yo, que presumo de imaginación y de storyteller y no hay manera de poder contar… algo… Cómo era aquello de…

Un soneto me manda hacer Violante, / que en mi vida me he visto en tal aprieto, / catorce versos dicen que es soneto, / burla burlando van los tres delante.

Y así estaba a lo Lope Félix de Vega y Carpio, cuando de repente la presencia no sólo de algo, sino de poco a poco, mucho, las historias han ido llegando por sí solas, y creo se han ido superando. Si no, ya lo veréis, la leyenda de Marilyn Monroe ha resucitado, sí, y está en Abu Dhabi. Quien no se lo crea que siga leyendo.

Puede que mi sequía se haya debido a ese empeño en buscar algo, en encontrar algo que no existe como tal, es sólo un concepto ideado consecuencia de educación, experiencia, valores, literatura, cine e ilusiones y no es real en el sentido de un pack que ya venga hecho sino el resultado de todo el camino, que creo, solamente al final, seremos capaces de descubrir, entender, valorar e intentar dejar como legado a los que se quedan.

A veces, más que con las personas, me gusta hablar con las canciones, lo cual tiene su peligro porque si estás en esa búsqueda infinita del algo, te rodeas de melodías melancólicas que te recuerdan que no lo has encontrado. Y de repente te subes al coche, pones la radio y empiezan a sonar canciones tipo Hello darkness my old friend… I’ve come to talk with you again… y ¡ah! ¡¡¡no!!! uyuyuyuyuy quita, quita, quita, hoy no, hoy no puedo y mira que es una delicia de canción, pero el Sonido del Silencio de Simon & Garfunkel no es lo que más necesitas cuando se trata de olvidar que buscas algo que no encuentras.

Yo pensé que no hallara consonante, / y estoy a la mitad de otro cuarteto; / mas si me veo en el primer terceto, / no hay cosa en los cuartetos que me espante.

Así que un día dejas de buscar, y algo llega acompañado de tanto, que, como Lope de Vega, todo te sale sin darte cuenta.

Claro que luego están los que se confunden y la cosa acaba mal. No me acuerdo en cual de mis historias dije, y me repito, que no hay que perder la ocasión de decir te quiero cuando se siente. Pero no aclaré y aprovecho el momento para hacerlo, que el te quiero tiene que respetar a la otra persona que, a lo mejor, te quiere… pero no de la manera que tú piensas, y entonces empieza el marrón. Y me pasó.

  • A ver gatita, cómo me encanta leerte y me encanta lo que dices, a partir de ahora, voy a hacer caso a lo que escribes – Un ex amigo.
  • Bueno, me siento alagada, vaya, pero que lo que yo escribo son historias que me salen por que sí. Las mezclo con varias situaciones, personajes, imaginación, vamos que a mí no hay que hacerme mucho caso de verdad, con que me digas que te ríes o que te gustan mis historias, a mí me vale ¡me encanta! – Yo.
  • Sí, sí, pero el otro día leí que no había que perder la ocasión de decir te quiero a las personas que se quieren así que a partir de ahora te lo voy a decir en todo momento que esté contigo – Mi ex amigo.
  • Uy, pues… no sé qué decir… que te lo agradezco, pero… no es necesario – Yo.
  • Como que no mi gatita, si es que no sabes cuánto te quiero, y como te quiero mucho, me voy a quedar mirándote y diciéndotelo – Mi ex amigo a lo suyo, evidentemente.
  • Pues gracias, pero, sabes que yo también te quiero, pero te quiero como buen amigo que hasta ahora hemos sido, y sabes, que por ello te aprecio y te he incluido en mi mundo (y por educación no podía decirle, pero no por ello te voy a incluir en mi habitación) – Yo

Vaya lio se montó. De hecho, se montó tan grande que ya no somos amigos.

Querer a alguien es respetar por encima de todo. Según El Principito cuando se quiere se siente posesión, pero cuando se ama se respeta y se da la libertad de ser, único, especial, incondicional. Querer es saber que te quieren y te dan el espacio que te toca, pero querer no obliga a nadie a sentir lo mismo, ni, sobre todo a hacer lo que normalmente un hombre quiere cuando le dice a una mujer que la quiere. Seguro que el sentimiento es verdadero, me lo puedo creer, pero como no haya sexo de por medio, ya fastidia y del querer se pasa al orgullo y ego herido y entonces… malo.

Mi ex amigo, al que hasta entonces, de verdad, consideré un realmente buen amigo, de los que no pedía eso a cambio, le dejé de hablar el día en el que, en medio de una reunión de trabajo, sí, también me tocó trabajar con él una temporada muy corta, pues en medio de una reunión de trabajo, me soltó que no entendía por qué no quería nada con él si me tiraba a todo el que me daba la gana!!!

Sí, eso fue en medio de una reunión de trabajo. A lo que con todo su ego añadió, bueno, ahora continuemos con la reunión. Y fue entonces cuando le miré a los ojos despacio y con compasión, cuando me llené de esa calma, tranquilidad y seguridad que te entra cuando tienes al universo contigo, y de mis labios salieron a ritmo de tortuga y con el tono más dulce que sé que puedo tener:

  • No, lo siento, ahora ya no vamos a continuar la reunión. Acabas de traspasar el límite, y ésto, lo has hecho tú solito. Como mujer no tengo que darte ninguna explicación de por qué no quiero echar un polvo contigo. Como amiga te he dado todo, cariño, conversación, abrazo, he compartido mis mejores amigos, amigas, te he dado alegría, risas, también me has dejado llorar contigo. Te he dado todo menos sexo, y eso, es lo que parece ser que tú como amigo, de verdad, querías. La reunión, ahora, sí, ya ha terminado.

Me levanté y me fui, por supuesto sin pagar la cuenta.

Por el primer terceto voy entrando, / y parece que entré con pie derecho, / pues fin con este verso le voy dando.

Algo que empezaba como si nada, ha llegado al eterno dilema de si entre hombres y mujeres puede haber verdadera amistad sin sexo. Yo soy de las que digo que sí. Y también soy de las que digo que me importa un carajo –uy, perdón- esta discusión y lo digo en serio. Antes hasta me sentía culpable si le gustaba a alguien que a mí no me gustaba. Era amable, educada y hasta cariñosa para “no herirle”, la eterna culpa de la mujer… y al final la herida eras tú, y el límite se tiene que marcar de manera clarita porque todo lo que no queda especificado en plan “hoy vamos a aprender qué quiere decir cerca y lejos a lo Barrio Sésamo” queda sujeto a interpretación.

Hasta el color del pelo. Sí, algo tan simple, mejor que quede claro desde el primer momento. Y es que estaba con unas amigas tomándonos una copita –podría haber pasado en cualquier parte del mundo, pero pasaba en la zona del DIFC de Dubái- en plan noche de chicas divertida, y, lo que suele pasar, se acerca el grupito de chicos de turno, con sus ya dos o tres copitas encima, en su salsa, a ver como se camelaban a la que ya previamente cada uno habría elegido según sus preferencias. Me tocó un austriaco. La verdad que majete, sabiendo guardar la distancia física, y creo, que lo que intentaba era conquistarme con su ingenio. La charla evidentemente era típica de sitio de copas, y de pronto decidió lanzarse empezando a piropear mi color de pelo. Y es que desde que la gatita eligió un tono Rita Hayword, resulta que da mucho juego.

  • Me encanta ese pelirrojo peligroso. Claro, es que las chicas en Madrid son casi todas pelirrojas, ¿No? – Como podéis imaginar mi cara ya empezaba a cambiar.
  • Hombre, pues… la verdad, la verdad… Madrid y el pelirrojo… no es que tengan una conexión histórica-racial importante – Yo.
  • ¡Ah! ¿no? –ja, ja, ja, ja, ja- ¡ah! Es verdad, el pelirrojo viene más de Irlanda ¿no? – El austriaco.
  • Hombre, pues mira, yo, venir, venir, vengo más de la peluquería – Yo.

Esto último ya lo dije con el típico tono gracioso cortante para ir dando por terminada la conversación y con ello el cortejo. Buenos pues el austriaco partido de la risa, le parecí tan ingeniosa, tan divertida, y tan pelirroja, que me costó quitármelo de encima un buen rato. Pero me lo quité.

Todo ésto venía por El Principito y las diferencias entre los verbos querer o amar. Y El Principito se olvidó del verbo idolatrar. “Amar o admirar con exaltación a alguien o a algo” siguiendo a la RAE. Y es aquí donde entra en juego Marilyn Monroe. No soy mitómana, pero sí me gustan las historias que rodean a ciertos clásicos del cine. Como mujer me parece un diez o un cien o un mil o un infinito icono de sensualidad. Como actriz me interesa desde el momento que ha protagonizada películas como Some Like It Hot (Con faldas y a lo loco), Gentlemen prefer blondes (Los caballeros las prefieren rubias) o The Misfits (Vidas Rebeldes).

Hace unos días me invitaron al espectacular desierto de Liwa a pasar unos días con un reducido grupo de personas en la casa de un Emiratí en medio de las dunas rojas. Tal idílica invitación no puede ser rechazada. Allí me fui y me encontré con un grupo de unas 16 personas, como siempre pasa aquí de nacionalidades diversas, lituanos, franceses, alemanes y rusos, nuestro host, Emiratí y, Marilyn Monroe. Sí, la siempre rubio platino Marilyn Monroe.


Al principio me quedé ¿impactada? Es que no sabría describirlo. Luego, empecé a notar que a tanto rubio oxigenado le faltaba la voluptuosidad y sensualidad de la que yo conocía. No podía evitar mirar de arriba abajo, ese rubio, tan rubio, esos labios, tan labios, esos pechos, tan pechos, esas caderas… no, no, no es mi Marilyn, a ésta le faltan esas caderas tan caderas… y llegando al final esos tacones… pero… ¿no íbamos al desierto? Esta Marilyn es falsa, la real hubiese dejado sus pies tan pies con sus uñas tan rojas al aire y no se hubiese puesto unos tacones, un poco feos, la verdad, para ir a descubrir las dunas del Empty Quarter.

Leggins negros muy ajustados, t-shirt negra muy ajustada con una imagen de la real Marilyn en blanco. Cerebro, y que me perdone, en el espacio, porque lo que tenía delante de mí era como un personaje de comic, que me contó que ella en principio quería ser como Brigitte Bardot, pero que luego se dio cuenta, que Brigitte seguía viva, y que no, que tenía que ser algo más icónico y entonces supo que ella era Marilyn, y más, por su impresionante parecido (que, aunque a la vista era más que obvio resultado plástico de cirujano, ella insistía en que era natural). Así que se inventó un guion en el que Marilyn no había muerto, sino que había sido congelada y reaparecía en el 2017 en medio del desierto y… claro… ¡¡¡era ella!!!! También me contó que llevaba bastante tiempo buscando productor y no era tan fácil, así que, si no lo encontraba aquí en Emiratos, que el mes próximo se marcharía a China que, según ella, allí seguro que lo encontraba.

¡Esta historia es totalmente real!

Ya estoy en el segundo, y aun sospecho / que voy los trece versos acabando; / contad si son catorce, y está hecho.

Os sigo observando.

@acatinthedesert

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